El Real Madrid encontró un superhéroe en Centroamérica

Keylor Navas fue el sostén del equipo de Zidane para llegar a su tercera final consecutiva. En los peores, momentos el costarricense rescató a la Casa Blanca.

Keylor Navas, otra vez figura del Real Madrid ante el Bayern Munich. (AFP)

Keylor Navas vuela una vez más. Rápido, astuto, impecable. Ya lo hizo tantas veces como casi nunca en su exitoso camino por el Real Madrid. Ese que comenzó en 2014 y que se transformó en histórico a partir de las repetidas conquistas: con él en el arco, la Casa Blanca va por el tricampeonato en la Champions League, algo que no sucede desde el Bayern Munich de mediados de los años 70.

En el Santiago Bernabéu la angustia termina en las manos de este arquero nacido en Centroamérica. Intenta Robert Lewandowski -polaco, goleador de la Bundesliga- y no puede. Va por más Thomas Müller -referente del seleccionado alemán campeón del mundo- y gana otra vez el costarricense que se ata el pelo para que no le moleste en la cara. Corentin Tolisso -representante francés- ofrece un remate que parece inatajable. Con mano cambiada, Keylor vuelve a resolver. El estadio se pone de pie para ovacionarlo. Madrid le rinde pleitesía.
Llegan por los costados y al área figuras del fútbol mundial. Bayern Munich merece mucho más que ese 2-2. Pero el gigante bávaro choca contra Keylor, que es -por momentos- San Keylor o Super Keylor, superhéroe del Real Madrid.
Durante las tres temporadas anteriores los medios de la capital española ofrecieron listados de posibles reemplazantes. Decían que no eran suficientes sus 185 centímetros; que los arqueros de élite miden más de 190. Como Sven Ulreich, arquero y cara visible de la eliminación del Bayern Munich.

Zinedine Zidane -creador de este Real Madrid infalible en Europa- siempre tuvo la misma respuesta ante la posible llegada de otro arquero. En público y en privado dijo: “Ataja Keylor”. Y Keylor ataja. Mucho. Todo. O casi.
Keylor nació en Costa Rica. Suena a periferia del fútbol. Pero nada de eso. Es uno de los países en los que con más pasión se vive este deporte. Se trata de una cuestión central, un espacio de pertenencia que excede el campo de juego. Se lo contó a este diario, en la antesala del pasado Mundial, el sociólogo Sergio Villena Fiengo, especialista en el tema: “Costa Rica es un país que abolió el ejército en 1948 y que no tuvo guerra de la independencia como tal (aunque en 1856 tuvo que repeler a un filibustero norteamericano, William Walker, lo que convirtió a esta ‘gesta’ en un suerte de guerra de independencia). Por otro lado, Costa Rica definió como núcleo de la identidad nacional la idea de ser una sociedad pacífica y democrática”.

Continúa Villena Fiengo: “En ese marco, el futbol de selecciones masculinas mayores es un espacio ritual en el que de alguna manera se produce un ‘retorno de lo bélico reprimido’. El discurso en torno a la selección está cargado de retórica belicista y épica, con elementos que resaltan la masculinidad/virilidad, así como la idea de ‘conquista’. Este discurso, usual entre los medios de comunicación, también se constata en el discurso publicitario y en las manifestaciones de algunos aficionados, sin dejar de lado el propio equipo. Es significativo que en eliminatorias pasadas, se publicaran anuncios o se exhibieran mantas con la leyenda ‘¿Quién dijo que Costa Rica no tiene ejército?’. En resumen, La Sele parece ser imaginada, al menos por algunos, como un ‘ejército sustituto'”. El deporte rey en este territorio de América Central resulta frecuentemente un espejo de otras cosas. Allí -en San Isidro de El General, en el cantón de Pérez Zeledón- se crió Keylor. En sus voladas de palo a palo, bajo el cielo del Bernabéu, también está ese legado, el de esos días en los que empezaron a llamarlo El Halcón.

En este país de poco menos de cinco millones de habitantes, una frase adjudicada a Albert Camus se transforma en verdad cada vez que La Sele juega: “Patria es la selección nacional de fútbol”. El equipo representativo se fue transformando en un símbolo de defensa nacional.

Así lo sugiere también el escritor Juan Villoro en su libro Dios es redondo. Lo que sucedió tras la notable actuación en el Mundial de Italia, en 1990, es un testimonio al respecto. El entonces presidente Rafael Angel Calderón ofreció las siguientes palabras: “Hemos esperado más de 30 años para esto y nos han dado lo más maravilloso que ha ocurrido en la historia costarricense (…), lo más grande que nos ha dado Dios”. El avión que los trasladaba voló a altura mínima por cada rincón del país hasta que se vació el tanque de combustible. En las casas no se quedaron ni los enfermos. En las calles, la fiesta duró mucho más allá de la madrugada siguiente.

No es realismo mágico. Es el fútbol de Costa Rica en estado puro. Corresponde señalarlo: 24 años después de aquella hazaña en Italia, en la pasada Copa del Mundo, La Sele construyó un milagro de los más grandes de la historia del fútbol: con un Keylor colosal, llegó hasta los cuartos de final en Brasil. Se trató de la mejor campaña mundialista de un equipo de Centroamérica.
Keylor, superhéroe del Real Madrid, también estará en el Mundial. Quizá como tricampeón de la Champions. Seguro, como buscador de nuevos recorridos épicos para La Sele, ese ejército sin armas de su querida Costa Rica.

Fuente: Clarín

Recopilación por Martin Eraso

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